En el día en el que el presidente estadounidense Donald Trump debería anunciar el traslado de la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén, el Papa expresó su «profunda preocupación» por Jerusalén. Lo hizo al final de la audiencia general de hoy, 6 de diciembre:

«Mi pensamiento ahora va a Jerusalén. Al respecto, no puedo callar mi profunda preocupación por la situación que se ha creado en los últimos días y, al mismo tiempo, hacer un fuerte llamamiento para que se comprometan todos a respetar el “Status quo” de la ciudad, conforme a las pertinentes Resoluciones de las Naciones Unidas. Jerusalén es una ciudad única, sagrada para los hebreos, los cristianos y los musulmanes, que en ella veneran los Lugares Santos de las respectivas religiones, y tiene una vocación especial a la paz. Ruego al Señor que tal identidad sea preservada y reforzada para beneficio de la Tierra Santa, del Medio Oriente y del mundo entero, y que prevalezcan la sabiduría y la prudencia, para evitar añadir nuevos elementos de tensión en un panorama ya de por sí convulso y marcado por tantos y crueles conflictos».

El presidente palestino Mahmoud Abbas llamó por teléfono ayer al Papa y hoy por la mañana, antes de la Audiencia general, Francisco recibió al Comité permanente para el Diálogo con personalidades religiosas de Palestina.