Inteligencia Artificial es sinónimo de máquinas inteligentes o máquinas que, a través de complejos programas computacionales, son capaces de reproducir comportamientos humanos. En seguida se nos vienen a la imaginación los robots.

He aquí algunos datos. Se prevé que en el año 2019 llegará a haber 2,6 millones de robots en el mundo. Y ya hoy sabemos que son los países asiáticos más industrializados los que van a la cabeza: Corea del Sur tiene 531 robots por 10.000 trabajadores; le siguen Singapur y Japón. A estos datos cuantitativos hay que añadir los cualitativos: los robots cada vez son más perfectos, y ya hoy se habla de que determinados tratamientos médicos y quirúrgicos puedan ser encomendados totalmente a estas máquinas. ¿Hasta dónde podrán llegar los robots a sustituir a las personas?

Siempre se ha visto con satisfacción que los trabajos más rutinarios (y, por ende, menos humanos) sean encargados a máquinas suficientemente preparadas: incluso se confía que estas podrían evitar esos errores “humanos” que acarrea la misma rutina. A la máquina se le pueden encomendar, en general, trabajos más inhumanos o más deshumanizadores. Si hablamos en términos económicos -un discurso tan inevitable hoy- se dice que la máquina mejora la productividad, elimina el absentismo laboral, no es sujeto de derechos…

En una palabra, la Inteligencia Artificial ofrece muchas oportunidades. Pero plantea también retos considerables y cuestiones inquietantes. En primer lugar, nos obliga a preguntarnos por el futuro del trabajo. Siempre se puede decir que toda revolución tecnológica -y esta de la Inteligencia Artificial se considera la cuarta revolución industrial- acarrea, de entrada, una reducción del empleo que, con el tiempo, se corrige a medida que se descubren nuevas modalidades de trabajo y nuevos campos de actividad laboral. ¿Puede pensarse lo mismo de la presente revolución cuando esta invade ya todos los ámbitos de la producción, incluso los que parecían más exclusivos de los humanos?

Hay razones para pensar que un cambio radical se está avecinando, que obliga nada menos que a revisar el lugar que ocupa el trabajo en nuestras sociedades modernas, así como las formas de entenderlo. La sola afirmación ya alarma. Quizás para enfrentarnos al futuro tenemos que tomar conciencia que este status actual del trabajo tiene detrás una historia muy corta, que no se puede considerar como definitiva. Al fin y al cabo, la historia nos ayuda a relativizar el presente y nos invita a ser creativos de cara al futuro, el cual no puede ser reproducción rutinaria del pasado.

El interés que hoy vemos suscita el tema de la renta básica es ilustrativo. Durante décadas fue considerada como una propuesta utópica de colectivos muy determinados. Hoy se desempolva y se analiza con interés en ambientes muy diferentes, viendo en ella una posibilidad a contemplar para un futuro donde resulta muy problemático pensar que vaya a haber trabajo remunerado para todos. El tema requiere todavía mucho estudio y debate. Ahí queda como reto ético para nuestras sociedades avanzadas.

Pero la pregunta de verdad inquietante va más allá. ¿Llegará la máquina a sustituir al ser humano? ¿Podremos equiparar el comportamiento de las personas al de una máquina adecuadamente programada? ¿Cabe reducir la libertad humana a un juego de variables que la máquina llegará a identificar y gestionar? ¿Es programable la libertad? Aquí se abre el complejo campo de la neurociencia y de la neuroética. Tenemos que estar abiertos a sus reflexiones, todavía incipientes y vacilantes. Pero lo haríamos desde la confianza en nuestra propia condición humana, y en la libertad como el don más valioso que hemos recibido para construir nuestra identidad, que es algo  propio e irrepetible. Más aún, aunque la máquina llegase a recoger todos los elementos que inciden en la decisión de un individuo, ¿renunciaríamos a reconocer que hemos actuado libremente?

Ildefonso Camacho SJ | Universidad Loyola AndalucíaIldefonso-Camacho-1-e1536590499592-362x253

Artículo incluido en el número de octubre de la revista Agenda de la Empresa