La Fundación Global Nature en el marco del proyecto LIFE Food & Biodiversity ha publicado un Informe de Recomendaciones dirigido al sector agroalimentario para evitar y reducir los impactos negativos en la biodiversidad, es decir, en ecosistemas, especies animales y vegetales, paisajes, etc. y para mejorar su protección y conservación a través de sellos y certificaciones.

Junto con el sector agrario, los procesadores y distribuidores tienen un gran impacto en la biodiversidad; no olvidemos que la agricultura y la ganadería son responsables del 24% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A día de hoy la pérdida de biodiversidad es uno de los mayores desafíos de nuestro siglo, no es sólo un problema medioambiental, sino que afecta a nuestra nutrición, los procesos productivos, el desarrollo económico y la calidad de vida.

Los expertos están de acuerdo en que son cinco las grandes causas de pérdida de biodiversidad, las recomendaciones se centran en tres de ellas: la degradación y destrucción de los ecosistemas, la sobreexplotación de los recursos naturales y las especies invasoras; han sido elaboradas por técnicos y empresas del sector agroalimentario, ONG ambientales, instituciones científicas y profesionales del mundo de las certificaciones ambientales. La implementación de estas recomendaciones por el sector agroalimentario, con la agricultura como protagonista, contribuiría significativamente a la conservación de la biodiversidad, siendo un componente esencial para el desarrollo de sistemas agroalimentario sostenibles. El término Biodiversidad incluye a los servicios ecosistémicos como base para el rendimiento de la actividad agraria, siendo un claro ejemplo el servicio de polinización del que dependen el 85% de los cultivos destinados a alimentación humana y animal.

Las recomendaciones están estructuradas en varios niveles, en un primer nivel abordan las políticas de estándares y empresas para integrar la biodiversidad en los objetivos de sus estrategias. Se dirigen a gestores y responsables de la revisión de criterios de sellos y normas de aprovisionamiento de empresas, de calidad del producto y para responsables de políticas de sostenibilidad.

En un segundo nivel las recomendaciones se orientan a los responsables de la producción en explotaciones agrarias y a los agricultores y proponen medidas de gestión integrada de plagas, la protección de hábitats seminaturales (setos, linderos, muros de piedra…) o buenas prácticas relacionadas con la fertilización, el riego, o la protección de ecosistemas acuáticos. Los Planes de Acción de Biodiversidad se convierten en herramientas operativas que permiten planificar, ejecutar y medir las mejora en campo de estos elementos de biodiversidad. El proyecto LIFE trabaja con estos planes y otras herramientas que están siendo testadas en diferentes explotaciones piloto de cultivos leñosos y hortofrutícolas.

Por último, el informe incluye orientaciones para la gestión de proveedores con medidas que van desde la mejora de información que reciben los consumidores hasta la puesta en valor de variedades antiguas de frutas y verduras que también son parte de nuestro patrimonio natural o la importancia de proteger a los pequeños productores.