Partido de cuartos de final de Champions entre el Real Madrid y la Juve, es el minuto 93 y el árbitro pita penalti contra la portería de Buffon. Estamos viviendo, en los últimos tiempos como ciudadanos, todo un carrusel de eventos y situaciones que están poniendo a prueba nuestra capacidad de equilibrar, de dar a cada parte de nuestro cerebro (la racional y la emocional) el peso que le corresponde y así poder tomar decisiones o posicionarnos frente a las mismas con un margen mínimo de error.

El penalti, el agotador y cansino procés, el caso del máster de Cifuentes, el ataque a Siria, el adelantamiento de Márquez a Rossi, etc., son situaciones, diferentes desde luego, en que a la hora de decidir nuestra posición vemos retada nuestra capacidad de juicio, pues a los datos, la información, imágenes, formación que tengamos, unimos nuestros sentimientos, nuestras simpatías o antipatías al club de fútbol, al político, al motorista, etc.

Nuestro cerebro, aparte del lóbulo frontal, en concreto el lóbulo prefrontal derecho que es la región que trabaja en el proceso de los datos necesarios para construir las decisiones desde un punto de vista racional, tiene otro componente más primitivo que es el cerebro límbico, donde radican las emociones y difícilmente nos podemos sustraer a sus efectos, tampoco, y en la mayor de las veces afortunadamente, a la hora de tomar decisiones.

El pasado 5 de abril, en el Research Day 2018 de ESADE en Barcelona, dedicado este año a la toma de decisiones, tuvimos la fortuna de asistir a una serie de buenísimas exposiciones.

La que me inspiró este artículo fue la dictada por el profesor Jeffrey J. Rachlinski (profesor de la Cornell University law School). Durante su charla, titulada: Intuición, deliberación y toma de decisiones judiciales, compartió varios de los resultados de sus estudios con más de 1.800 jueces federales y estatales de los EE. UU. sobre la influencia de las emociones en la toma de decisiones por parte de los jueces, y la conclusión es que “los sentimientos de los jueces acerca de los litigantes influyen sus juicios” (1).

Si bien los jueces comúnmente rechazan que las emociones influencien sus decisiones, y además la sociedad, nosotros, esperamos de ellos que sean desapasionados y se rijan por la ley, los jueces tienen de manera clara reacciones emocionales ante los litigantes (como el resto de seres humanos). Otro estudio sobre jueces, en California, mostró que los observadores de los juicios que no sabían nada acerca del caso y que no podían tener acceso al audio de la sala pudieron de manera bastante precisa valorar la reacción de cada juez ante sus testigos a través de su expresión no verbal(2). No solo esto, sino que otras investigaciones relacionadas muestran que incluso la atracción física influye en los jueces. Según un estudio basado en observaciones en sala, los acusados más atractivos recibieron sentencias más cortas y eran menos susceptibles de ser encarcelados que los encausados menos favorecidos físicamente, si bien no hay diferencia en el porcentaje de veces en que eran encontrados culpables(3).

Si profesionales tan preparados como los jueces, cuya razón de ser es nada menos que la de impartir justicia, son proclives a potenciales sesgos por la influencia de sus sentimientos que no será de nosotros el resto de los mortales, incluido Buffon. Puede resultar paradójico, pero volviendo al evento del inicio, el futbolístico, resulta que el capitán de la Juve y también de Italia vivió una situación similar hace 12 años con su selección en el Mundial de Alemania. La diferencia es que, en esa ocasión, el beneficiado fue precisamente el equipo de Buffon. Aquel día, el portero no realizó ningún tipo de protesta.

Está demostrado empíricamente que las personas tratamos a aquellos que nos gustan o que creemos que defienden nuestros valores de manera más indulgente(4)  y damos más peso a las evidencias que apoyan sus conductas y decisiones. No me cabe ninguna duda que en el minuto 93 de un partido de fútbol, con la adrenalina y el estrés, la razón tiene menos terreno para jugar. ¿Los dos penaltis fueron justos?

 

Álvaro Vioque | @AlvaroVioqueG

Colaborador académico de ESADE, Socio de Aonia Nueva Educación

(1) Heart vs. head: do judges follow the law or follow their feelings. Rachlinski et al.

(2) Blanck et al. 1985.

(3) Stewart 1980,1985.

(4) Es lo que se denomina Confirmation Bias ( Sesgo de confirmación) (Ross and Anderson 1982, p.149-51).