La fabricación de lavadoras domésticas en España supone un impacto de 31.580 toneladas de CO2 cada año. Esto se debió a los bloques de hormigón de 25 kg que contienen los 1,7 millones de lavadoras domésticas que se vendieron en España en 2016. Y es que se producen cada año 12,3 millones de toneladas de hormigón, de las cuales 42,5 toneladas se destinan a la fabricación de lavadoras.

La fabricación de una tonelada de hormigón supone la emisión de 740 toneladas de CO2. Esta cantidad se traduce en una contaminación de 18 kg de CO2 por cada hogar que adquiere una lavadora nueva. Al impacto medioambiental de la fabricación de hormigón hay que añadir el gasto extra en combustible en el proceso de transporte.

Es en este contexto en donde cobran protagonismo las cadenas de lavanderías autoservicio. Las lavadoras industriales que utilizan establecimientos como Fresh Laundry no suponen un perjuicio para el medio ambiente ya que para mantener el equilibrio utilizan bujes y amortiguadores en vez de hormigón.

“Gracias a los productos biodegradables y el bajo consumo de las lavanderías Fresh, el impacto medioambiental se reduce significativamente. Haciendo uso de este tipo de establecimiento el ciudadano ahorra dinero, tiempo y sobretodo reduce su huella de carbono”, asegura Roberto Haboba Gleizer, fundador y propietario de Fresh Laundry. “Los 240.000 usuarios que en 2016 pasaron por las instalaciones de Fresh Laundry son la prueba de que la conciencia medioambiental es cada vez mayor”.

El impacto medioambiental de la fabricación de lavadoras ha saltado a la palestra tras un estudio de la Universidad de Nottingham Trent y publicado por el diario británico The Telegraph. Y es que los avances tecnológicos y la innovación en el sector de las lavanderías tienen una alta contribución en la implantación de medidas más sostenibles en los hogares.