Las protestas tuvieron lugar en las regiones de Oromia y Amhara, donde viven las dos etnias más importantes. Las fuerzas de seguridad etiopíes dispararon con fuego real el pasado fin de semana contra manifestantes antigubernamentales en varios puntos del país. El resultado: más de cien muertos y cientos de heridos, según cifras ofrecidas por Amnistía Internacional.

Además de reprimir de forma brutal las manifestaciones, el Gobierno etíope interrumpió las comunicaciones y el acceso a las principales redes sociales y servicios de mensajería, para evitar nuevas concentraciones.