De quien triunfa en el mundo de la empresa se suele decir que tiene olfato para los negocios. Es indudable que la intuición, que lleva aparejada la capacidad de detectar y aprovechar las nuevas oportunidades generadas por los cambios del entorno, es una destreza clave para todo emprendedor. Todos sabemos de personas que parecen poseer ese don especial, una capacidad natural para reconocer oportunidades y generar ideas empresariales innovadoras.

Una habilidad innata que no todo el mundo posee, y que la mayor parte de los emprendedores debe suplir con la adquisición de experiencia. Cualidad ésta última sufrida de obtener, considerando que, en España, a diferencia de lo que ocurre en los países de cultura anglosajona, el margen de error tolerado a la hora de emprender es bastante limitado. No faltan quienes, raudos y veloces, tildan de fracaso cuantas experiencias empresariales no terminen por ver cumplidas sus expectativas iniciales. No valoramos lo suficiente que un traspiés nos hace avanzar más rápido, y que aprender de los errores es la mejor forma de dotarnos de las habilidades necesarias para adquirir un bagaje con el que afrontar con mayores garantías de éxito los futuros proyectos.

Talento natural y experiencia son pues dos factores que inciden de manera significativa en el éxito de las iniciativas empresariales, pero no son los únicos. Un tercer factor a considerar es el de la adquisición de conocimientos y destrezas emprendedoras, no ya en base a la experiencia prueba-error, sino al proceso de enseñanza-aprendizaje. El talento empresarial puede ser adquirido mediante procesos educativos, de igual manera que un médico o un ingeniero hacen lo propio en sus respectivas áreas de conocimiento.

Como profesor universitario en la rama de Administración y Dirección de empresas, facilito a mis alumnos un conocimiento de la técnica empresarial basado en criterios científicos, comprobando cómo éstos evolucionan, a lo largo de su proceso de aprendizaje, en su capacidad de valorar la validez e idoneidad de las oportunidades de negocio. Muestra de que adolecer de un especial talento natural o de experiencia previa en la actividad emprendedora podrá, al menos parcialmente, ser suplida por un conocimiento técnico soportado sobre modelos de marketing y de gestión empresarial.

Finalmente, a los factores señalados, el talento natural, la experiencia previa y los conocimientos técnicos adquiridos, habría que añadir una última variable de creciente y especial relevancia en el entorno tecnológico en el que estamos inmersos. Me refiero al conocimiento analítico basado en el análisis de la información.

La ingente cantidad de información a la que hoy tenemos acceso, debidamente gestionada, nos permite generar modelos predictivos que pueden ayudarnos en la toma de decisiones empresariales, anticipando con un alto índice de probabilidad su resultado final. Ello nos permite medir y predecir estadísticamente el resultado de nuestras decisiones sin tener que asumir excesivos riesgos.

El Big Data nos aporta la capacidad de procesar datos, comprenderlos y extraer de ellos valor mediante sistemas de inteligencia avanzada. Programas de computación, como el Machine Learning o el Deep Learning, que incorporan sistemas de auto-aprendizaje asimilables, en gran medida, a la inteligencia humana, o los sistemas de computación cognitiva, procesos de Inteligencia Artificial basados en información no estructurada, son avances que en un futuro próximo dejarán de ser patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones, para formar parte de la gestión cotidiana de las empresas. Si no, al tiempo.

Juan Carlos Hernández Buades | CEO Fundación San Pablo Andalucía CEU y Director General de sus centro educativosJuan-Carlos-Buades-384x253

Juan Carlos Hernández Buades, economista, abogado y Profesor Doctor en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Pablo de Olavide, es Director General de CEU San Pablo Andalucía.

Artículo incluido en el número de octubre de la revista Agenda de la Empresa