Son las articulaciones más afectadas por la artritis y otras dolencias óseas, según un informe hecho público por el Vanir, marca perteneciente al laboratorio estadounidense Opko Health, en colaboración con la Fundación Internacional de la Artrosis (OAFI). Un 52% de las personas que aseguran padecer dolor articular se quejan de las rodillas, superando incluso a las molestias en la columna vertebral, a las que alude un 43% de las personas de la muestra.

A pesar de la prevalencia mundial de las enfermedades relacionadas con la espalda, para el quiropráctico Ata Pouramini, los datos son coherentes con dos hábitos sociales de la última década. De un lado, la moda del running, de la que no escapa grupo de edad ni lugar del planeta. En la mayoría de los casos, según el experto “sin haberse realizado previamente un chequeo médico y, sobre todo, un estudio de la pisada, lo qurunning-573762_640e determinará nuestra forma de caminar y el tipo de plantilla o zapatilla que deberíamos llevar”.

De otro lado, Pouramini advierte que “no todos sabemos correr”. No es tan fácil, explica, como calzarse unas deportivas. Al aprender a correr aprendemos no sólo a adoptar una postura adecuada, también a respirar, a dosificar el esfuerzo, a pisar correctamente, y, en este sentido, a atenuar el impacto del trote sobre las rodillas.

Los “malos corredores” someten, pues, a esta articulación a traumatismos directos repetidos de un impacto que se va multiplicando por el peso de cada sujeto. Si el runner tiene sobrepeso, el riesgo de padecer una lesión grave de rodilla es bastante elevado.

La incidencia de las lesiones y el dolor en la rodilla se incrementa  por otro gran hábito y su relación negativa con el running. Si ya de por sí resulta negativo para nuestras  articulaciones salir a correr sin la preparación adecuada, el riesgo para la salud muscular y ósea se incrementa si lo hacemos después de practicar el sitting; es decir,  tras una larga jornada laboral de ocho horas sentados. Según el director de Quiropractic Valencia nunca debemos hacerlo sin el calentamiento adecuado. Además, la inmovilidad es tan mala con el impacto repetido: nos hace perder flexibilidad y resistencia.

En la práctica profesional del deporte es habitual, encontrarse con la Condromalacia Rotuliana, un diagnóstico que consiste en la degeneración del cartílago articular que recubre la rótula, en la zona interior donde se articula con él fémur. Se llega a ella después de someter a la rodilla a un sobreesfuerzo continuado y se caracteriza por dolor en la cara anterior de la rodilla que cede con el reposo.

La artrosis de rodilla es, por otro lado, la enfermedad articular de mayor incidencia en España, con siete millones de afectados, según la Sociedad Española de Reumatología. Provoca un dolor que puede llegar a incapacitar y que, en casos muy graves, puede llevar al enfermo al quirófano.

Antes, la medicina regenerativa, basada en las infiltraciones de material autógeno, como plasma rico en plaquetas, además de otras substancias como ácido hialurónico, supone un gran beneficio y ofrece resultados más que positivos. También es necesario citar aquí Ortokine, el suero ya famoso por su uso generalizado entre las estrellas del deporte, además de los ensayos con verdaderas células madre.

Higiene y reeducación postural, suplementos de colágeno y alimentos ricos en esta sustancia, deporte adecuado y controlado y terapias como la quiropráctica, pilates y el yoga, siempre bajo la dirección de profesionales acreditados ayudan a paliar el dolor y en estadios no excesivamente graves de la enfermedad.