La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) expresó preocupación ante los bajos niveles de financiación humanitaria para los  “desesperados” de Burundi que sólo reciben el 21% de la ayuda que necesitan, lo que no alcanza “estándares humanitarios aceptables”.

ACNUR advirtió que, de no remediarse la situación, Burundi corre el riesgo de convertirse en una crisis “olvidada” y junto con sus 26 socios humanitarios solicitó 391 millones de dólares para un plan de respuesta humanitaria que ayudaría a 430.000 personas.
La falta de fondos afecta todos los aspectos de la vida de estas personas, entre ellos la disponibilidad de alimentos, alojamiento y educación, así como la capacidad de responder a la violencia sexual y de género, aseguró este martes Catherine Wiesner, coordinadora regional del ACNUR, ante periodistas en Ginebra.

Desde 2015, más de 400,000 burundeses han huido del país escapando de abusos a los derechos humanos, la incertidumbre política y el deterioro de la situación humanitaria.
Más del 60 por ciento han huido a Tanzania (254.000) y varios miles a Ruanda, la República Democrática del Congo y Uganda. Además, con la persistencia de la volátil situación del país, existe el temor de que el número total de refugiados pueda ascender a 450,000 para fines de 2018.

El plan de respuesta humanitaria busca garantizar que la mayoría de los desplazados que viven en campos de refugiados (alrededor del 85%) reciban alimentos, vivienda y educación, así como protección contra la violencia sexual.

El brote de violencia en Burundi en abril de 2015 y la crisis política combinada con un deterioro de la seguridad y del entorno humanitario, provocaron una crisis profunda y continúan alimentando el éxodo de sus poblaciones, algunas de las cuales han sido desplazadas a lugares tan lejanos como Sudáfrica y Kenia.