Los estudios indican que la leche es uno de los alimentos más consumidos. Solo en España, el consumo per cápita de productos lácteos frescos es de más de 100 kilogramos al año. El nuevo sistema de monitorización de la leche, Bosch Deepfield Connect, ofrece una garantía de calidad a los productores y a la industria láctea en general. El trayecto desde la vaca hasta los consumidores es largo: la leche se almacena hasta tres días en grandes tanques hasta que llega a los depósitos de refrigeración o de procesado. Esto implica riesgos considerables. Los gérmenes y la leche agria pueden tener un impacto negativo en los rendimientos de los granjeros. “El tanque de leche presenta múltiples aberturas que están selladas con tapas revestidas de goma. Estamos equipando estas tapas con un sensor de infrarrojos y recopilando los datos medidos”, afirma Thijs Verploegen, jefe de producto responsable del sistema. Los datos se envían a la nube ‘Bosch IoT Cloud’, donde se procesan y transmiten directamente al smartphone del granjero.

El sensor mide la temperatura de la leche y permite, entre otras cosas, determinar si la leche se almacena correctamente. Un agitador defectuoso significa que la leche ya no se enfriará de manera uniforme. “Es crucial que el agitador, la limpieza y la refrigeración funcionen correctamente y que la leche no sobrepase los 4ºC de temperatura durante varias horas”, explica Verploegen. “Si así fuera, la cantidad de gérmenes aumentaría y la leche no sería apta para el consumo”. Una App alerta a los granjeros cuando se rompe la cadena de refrigeración, lo que les permite actuar a tiempo antes de que la leche se agrie. Los datos se pueden compartir con las vaquerías y con los conductores de los camiones cisterna, ayudándoles, en un abrir y cerrar de ojos, a saber si la calidad de la leche es aceptable. El sistema de monitorización también ofrece una ventaja adicional: se puede instalar en cualquier tanque, independientemente del modelo, fabricante o antigüedad del depósito, permitiendo modernizar, a bajo coste, la última tecnología a los más antiguos.

La nueva solución basada en sensores encaja perfectamente en la familia de productos Deepfield Connect, dedicada a proporcionar soluciones conectadas para la Agriculture 4.0. El principio básico puede aplicarse a una amplia gama de productos agrícolas. Se basa en sensores que miden datos microclimáticos como la temperatura y la humedad del aire y del suelo. Usando un transmisor, las lecturas se envían por radiofrecuencia a la Bosch IoT Cloud. A partir de ahí, la información se enruta para transmitirla a la aplicación Deepfield Connect en los smartphones de los cultivadores, lo que les permite vigilar sus cultivos en cualquier momento, sin tener que estar físicamente en el campo. Por ejemplo,  les permite conocer la probabilidad de que haya heladas, incluso antes de que las temperaturas caigan por debajo del punto de congelación, dándoles, por tanto, la oportunidad de cubrir las plantas o tomar otras medidas que consideren apropiadas. El registro de las lecturas de temperatura y humedad les permite saber si todo está bien, si existe un riesgo de infección por hongos o si es necesario ajustar el riego, lo que ahorra tiempo a los agricultores y aumenta el rendimiento. Este año se ha aplicado el sistema a variedades adicionales de frutas y verduras, así como a la viticultura, además de a espárragos y fresas.