Un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Barcelona ha ideado un nuevo método multidisciplinar para identificar áreas marinas de especial interés para la conservación. El trabajo, publicado en la revista Conservation Biology, toma como modelo de estudio la Patagonia argentina, considerada por los científicos una de las zonas más ricas en biodiversidad y a la vez más amenazadas.

“Los océanos cubren más del 70% de la superficie del planeta y alojan la mayor parte de su biodiversidad. Sin embargo, apenas un 3% de su superficie está protegido, lo que representa unos niveles de protección muy inferiores a los conseguidos para el medio terrestre”, explica la autora del trabajo, Isabel Afán, de la Estación Biológica de Doñana  del CSIC.

En este trabajo, los investigadores tuvieron en cuenta la distribución en el mar de las 14 especies de aves que nidifican en la costa patagónica, las “Áreas Importantes para la Conservación de las Aves” ya establecidas y la distribución espacial de las principales artes de pesca que operan en la zona (dato proporcionado por Global Fishing Watch). Como conclusión obtuvieron que con la protección de 300.000 kilómetros cuadrados de aguas patagónicas se podría proteger al menos un 20% de las poblaciones de aves marinas y de los hábitats en los que residen.

Dinamismo del medio marino

La protección de zonas marinas reviste gran complejidad por el dinamismo que presentan las áreas marinas abiertas y por la necesidad de compatibilizarlo con actividades socioeconómicas como la pesca. Este estudio ha sido uno de los primeros en incorporar ese dinamismo en el diseño de las zonas de protección.

“Si tenemos en cuenta el sistema de corrientes marinas de la zona, existen otras áreas conectadas con las zonas a proteger que pueden producir alteraciones en ellas y que también son importantes de cara a la protección. Por ejemplo, si se produce un vertido es importante conocer qué zonas pueden hacer llegar los productos de riesgo a las áreas protegidas y así establecer también sobre ellas alguna medida de gestión”, indica Afán.

Además, ese dinamismo, así como la continua adquisición de nuevos datos sobre abundancia y distribución de los componentes y las amenazas de la biodiversidad marina, hace que para lograr una correcta conservación, sea necesaria una revisión periódica de las áreas marinas propuestas. “Se trata de un proceso dinámico y adaptativo donde debemos integrar a todas las partes interesadas, desde los pescadores a las entidades conservacionistas”, concluye el investigador Francisco Ramírez, de la Universidad de Barcelona.

Foto: Colonia de pingüino de Magallanes en la Patagonia Argentina. / (J. Navarro)