Ya es hora que nuestra sociedad se plantee un enfoque integral de la transición energética que debe concretarse en nuevas oportunidades económicas y de empleo en un contexto de economía verde.

Desde la ética ambiental que estudia la ética aplicada a las relaciones entre los seres humanos y el medioambiente y que ejerce influencia en disciplinas como el derecho, la sociología, la economía, la ecología, la geografía, se plantea también un cambio, como planteaba hace 1700 años a.C. el código de Hammurabi, y siglos más tarde Platón; desde entonces ha llovido mucho.

Sabemos que el actual modelo de producción y consumo energético es insostenible, por ello, se alzan propuestas que promueven descarbonizar el modelo energético. Para ello, en la producción de energía eléctrica, las renovables deben desplazar a la producción con combustibles fósiles. En consumo hay que mejorar la eficiencia energética en la industria, el sector residencial y el transporte, optimizando los aislamientos y desplazando en el transporte el uso de combustibles fósiles por el uso de aplicaciones que utilizan la electricidad proveniente de fuentes renovables en lo posible.

Como establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (7), necesitamos energía asequible y no contaminante. En este momento, las tecnologías de bajas emisiones se han hecho muy competitivas y el coste de la transición energética no debería representar un gran problema.

La concreción del derecho a desarrollarse de muchos pueblos debe hacerse con formas sostenibles de energía que no presionen, aún más, la estabilidad del planeta, por lo que habrá que aportarles las adecuadas transferencias económicas y tecnológicas para que su desarrollo no se base en fuentes no renovables, todo un reto como reconoció el reciente Seminario de Ecología de la CEE.
En este momento contamos con soluciones para poder cambiar estas tendencias y conseguir acceso a la energía limpia, renovable y sostenible. Las energías renovables son fuente de energía continua e inagotable.

En este punto, el papel del ciudadano es clave para producir el cambio de modelo de producción y consumo que necesitamos, ya que con sus actuaciones individuales y en grupo hará que los poderes públicos establezcan marcos más sostenibles y las empresas promuevan nuevas estrategias hacia la sostenibilidad. Para todo ello, urge la adopción de medidas contra el cambio climático, utilizando a todos los agentes implicados e incentivando nuevas líneas de colaboración público-privada.

Para generar unas buenas políticas sobre energía es necesario insistir en que el autoconsumo es un derecho, no una opción. Es importante también que se incluyan los costes no reflejados, sus externalidades, en el precio de la energía. Así como, se han de potenciar las políticas de rehabilitación energética de edificios. El ahorro y la innovación energética son la clave, y la concienciación, la formación y la inversión el medio. Nuestra sociedad se encuentra ante un gran desafío, lleno de oportunidades. Las tendencias mundiales de regeneración urbana exigen la participación del sector público-privado y la ciudadanía, la sostenibilidad y la inclusión social.

Sin duda, nuestra civilización necesita energía, pero el uso de la energía no debe destruir nuestra civilización. Así, necesitamos una transición energética global que tenga en cuenta a las futuras generaciones, a todas las especies y los ecosistemas. Se alzan voces autorizadas en todo el mundo que piden una estrategia global de largo alcance que ofrezca seguridad energética y que favorezca la estabilidad económica, proteja la salud y el ambiente y promueva el desarrollo humano, estableciendo compromisos precisos para afrontar el problema del cambio climático, aquí y ahora. Nos toca abrir nuevos horizontes…

Enrique Belloso Pérez

Director de Relaciones Institucionales y Comunicación de CEU Andalucía

Artículo incluido en el número de julio y agosto de la revista Agenda de la Empresa