Ópera en el Maestranza: Apoteósica representación de La fille du régiment

Dirección musical: Santiago Serrate
Dirección de escena y vestuario: Laurent Pelly
Reposición de la dirección de escena: Marcelo Buscaino
Director del Coro: Íñigo Sampil
Escenografía: Chantal Thomas
Iluminación: Joël Adam
Reposición de la iluminación: Juan Manuel Guerra
Coreografía: Juan Manuel Guerra
Reposición de los movimientos coreográficos: Karine Girard
Dramaturgia y nuevos diálogos: Agathe Mélinand
Real Orquesta Sinfónica de Sevilla
Director artístico y musical: John Axelrod
Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza
Producción del Gran Teatre del Liceu (reproducida de la coproducción original del Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres y Staatsoper de Viena).

“Los italianos no veían en la ópera un drama vestido de sonidos, sino una música que tomaba significado y aspecto dramático en la aplicación teatral”. (Della Corte).

Tiene razón Santiago Serrate cuando afirma que La fille du régiment, compuesta y estrenada en París en 1840, “es una oportunidad fantástica para introducirse en la ópera para todas aquellas personas que no hayan acudido nunca a una representación”, pues se trata de una obra que se encuadra dentro del bel canto, con partes cantadas y habladas, un género muy parecido a la zarzuela, “una ópera extremadamente divertida”, en palabras de Pedro Halffter, sobre un título en francés que se hizo muy popular por su exigencia vocal.

Cabe recordar, a modo ilustrativo, que Donizetti era nieto de un escocés italianizado, cuyo nombre auténtico era el de Izett, del condado de Perth, lo que explica, en cierto modo, que los libretos musicados por el autor de Lucia de Lamermoor sigan gustos acreditadamente románticos. En cualquier caso, el éxito sin precedentes de La fille du régiment recién presentada en el Maestranza tiene sólidos anclajes que van desde una puesta en escena que armoniza texto, música y dramaturgia (admirable labor de Laurent Pelly) hasta un elenco vocal cuya figura destacada es, sin duda, la joven y pujante soprano sudafricana Pretty Yende, cuyos infinitos ornamentos vocales, en paralelo a sus dotes actorales, provocaron, una y otra vez, el entusiasmo de un público hipnotizado por un sinfín de virtudes, tanto escénicas como vocales. Algo irregular, en el inicio, la voz de John Osborn se fue asentando hasta brillar con nitidez en la famosa aria À mes amis, refrendada con sonoras ovaciones. Grandes actores -que no sólo experimentados cantantes- como Marina Pinchuk, Carlos Daza, David Lagares –un habitual en los repartos operísticos-, Vicky Peña, Alberto Arrabal, Juan Carrillo y Moisés Molina se sumaron a la extraordinaria actuación del Coro maestrante, convertido en uno de los puntales de las veladas operísticas a cuyo esplendor no es ajena la figura de Íñigo Sampil, músico de sólida vocación y brillante trayectoria. La insistencia de aplausos y ovaciones a lo largo de la representación exteriorizaban un entusiasmo infrecuente que hacen de esta fille –excelentemente conducida desde el foso por Santiago Serrate- uno de los espectáculos operísticos de mayor relieve ofrecidos últimamente en el Maestranza, una institución que atraviesa  tiempos de zozobra y desafección. En una entrevista reciente, una personalidad del mundo de la cultura afirmaba,  no sin razón, que “el público de la ópera está envejeciendo”. De ser así, urge estimular el relevo generacional. ¿Para cuándo una ley de mecenazgo? ¿Dónde está la burguesía sevillana?. ¿Qué se hace en los centros educativos? Mientras tanto, los conciertos de la 2 en TVE se transmiten … ¡a las 8.00!, un horario más propio de la ascética que de la estética.

MFR