La trata de personas no es cosa del pasado, las redes de traficantes tienen alcance internacional con víctimas en 106 países y 21 millones de personas sufriendo explotación extrema u obligada a trabajar forzadamente, dijo hoy el Secretario General de la ONU.

Durante un debate del Consejo de Seguridad sobre la trata de personas en escenarios de conflicto, António Guterres advirtió que ese delito se manifiesta de muchas formas y destacó el predicamento de mujeres y niñas, que son un objetivo constante de los traficantes.
Citó la explotación y esclavitud sexual, la prostitución, los matrimonios forzados y comercio de órganos entre las atrocidades que afrontan las víctimas.
“Recordemos también que las manifestaciones modernas de esclavitud nos tocan e, incluso, nos implican a todos. Las cadenas de suministro mundiales han transformado muchas vidas positivamente, pero no siempre sin un costo. En algunas ocasiones, la ropa, la comida, los teléfonos inteligentes, la joyería y otros bienes de consumo pueden conllevar, voluntaria o involuntariamente, rastros de explotación. Los relucientes rascacielos nuevos pueden deber parte de su brillo al sudor de trabajadores sometidos”, enfatizó Guterres.

El líder de la ONU afirmó que la trata prospera donde la ley es débil o inexistente y que los escenarios de conflictos armados son el terreno ideal para su proliferación, con agrupaciones terroristas como Daesh o Boko Haram, que defienden y fomentan la esclavitud como una práctica legal.
Lo peor, agregó Guterres, es que la impunidad impera frente a estos crímenes, alimentando la injusticia, permitiendo que los responsables actúen sin ningún temor y sembrando la desesperanza en las sociedades afectadas.
El Secretario General lamentó que la comunidad internacional centre gran parte de sus capacidades en el combate al narcotráfico y deje de lado la trata de personas, un crimen “mucho peor” que debe ser erradicado.
Guterres aseveró que se puede hacer mucho para combatirlo y llamó a los Estados, para empezar, a no dejarlo impune y a cumplir sus obligaciones con la Convención de la ONU contra el Crimen Organizado, que provee un marco de trabajo para prevenir y luchar contra ese flagelo.